Han pasado cuatro días desde que el mundo conoció la trágica noticia de los dos sismos de 7,2 y 7,5 que destruyeron gran parte del país petrolero. Las imágenes reflejan la tragedia que nadie quiere vivir: edificios destruidos, calles convertidas en nada, personas aún buscando sus seres queridos aferrados a la esperanza de que aún estén con vida. El panorama es devastador. Sin embargo, la solidaridad y empatía de todo el mundo ha sido la protagonista, muchos países de Latinoamérica, incluido Colombia, han enviado a sus mejores y más expertos equipos de rescate y ayuda humanitaria para abrazar a su gente, para brindarles ayuda. Europa no se queda atrás, ocho países de la Unión Europea enviaron más de 520 equipos.
Las cifras de fallecidos según fuentes oficiales asciende a 1.430, de personas heridas a más 3.000 y por fortuna 33 personas con vida han sido rescatadas. En redes sociales, el canal más efectivo para convocar en estas situaciones, se ven videos de personas sumando esfuerzos, armando centros de acopio para recoger agua, ayudas y medicamentos. Creo que en estos tiempos de polarización y odios, de divisiones y peleas virtuales, nunca antes se había usado tan bien las redes con un solo objetivo: abrazar a Venezuela.
Los días pasan y se siguen conociendo imágenes más fuertes, demostrándonos lo frágil que es la vida, lo efímera que es y cómo pasamos de tenerlo “todo” a no tener nada. Es inevitable no sentir ese dolor, no sentir la angustia de quienes abrazan los cuerpos de sus seres queridos luego de la tragedia. Es inevitable no llorar ante el video del pequeño que relata mientras es rescatado, que fue el único de su familia que sobrevivió y que su madre horas antes dejó de respirar. ¡Qué dolor!
No sé si sea el momento de buscar culpables, pero creo que sí es oportuno preguntarnos: ¿existe el riesgo de que esto vuelva a ocurrir?, ¿qué está haciendo el Gobierno para prevenirlo?, ¿el Estado está en la capacidad de ayudar a todos los damnificados? algunas de estas preguntas tendrán respuestas con el paso del tiempo, quizá, pero es necesario ponerlas sobre la mesa.
Venezuela ha vivido un cambio político en enero de este año: la captura que hizo el gobierno de Estados Unidos a su entonces presidente Nicolás Maduro, que supone la transformación progresiva política de este país. Mientras esto pasa, la presidenta encargada es Delcy Rodríguez, quien ha estado dando declaraciones pero solo se queda en eso, no hay hasta ahora, un plan de acción y ayuda para los damnificados quienes se quejan que el Estado no ha llegado a sus zonas.
A Venezuela debemos abrazarla, a los venezolanos debemos abrazarlos, hacerlos sentir que no están solos, porque no lo están; somos millones en el mundo que hoy nos conmueve lo que pasó. Si usted lector, lectora, puede sumarse a la ayuda, no dude en hacerlo, todo suma. Quizá es irremediable el dolor que puedan sentir, pero estamos aquí para abrazarlos, para brindarles ayuda. Todo esto solo nos puede poner a reflexionar y a entender que la vida es frágil y que debemos abrazarla.