La cuenta regresiva para el inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México se ha visto opacada por una ola de protestas sociales que amenazan con alterar la ceremonia inaugural en Ciudad de México. Diversos sindicatos, colectivos de víctimas de la violencia, organizaciones de maestros y grupos ciudadanos han anunciado movilizaciones masivas para aprovechar la atención internacional que genera el torneo y presionar al gobierno federal para atender sus demandas.
Se espera que miles de manifestantes lleguen este jueves a la capital mexicana con la intención de realizar bloqueos en los accesos al estadio donde se disputará el partido inaugural. Los organizadores de las protestas aseguran que mantendrán las movilizaciones hasta que las autoridades accedan a dialogar sobre temas como aumentos salariales para los docentes y mayores esfuerzos estatales para localizar a miles de personas desaparecidas en el contexto de la violencia ligada al narcotráfico.
Ante este panorama, las autoridades mexicanas han desplegado cientos de agentes antidisturbios en distintos puntos de la ciudad con el objetivo de garantizar la seguridad de los asistentes y el normal desarrollo de las actividades relacionadas con el campeonato.
La preocupación es significativa debido a la magnitud del evento. Se estima que alrededor de 5,5 millones de visitantes llegarán a México durante el Mundial, considerado el espectáculo deportivo más visto del planeta y seguido por cientos de millones de espectadores en todo el mundo.
Para gran parte de la población mexicana, el torneo representa una oportunidad única para mostrar al país como una nación moderna, dinámica y abierta al turismo internacional. Sin embargo, para los grupos que lideran las manifestaciones, el Mundial constituye una plataforma ideal para visibilizar problemas estructurales que, aseguran, continúan afectando a millones de ciudadanos.
En medio de las crecientes tensiones, la presidenta Claudia Sheinbaum buscó enviar un mensaje de tranquilidad durante su conferencia de prensa. “Está todo bajo control”, afirmó al ser consultada sobre la posibilidad de que las protestas alteren la ceremonia inaugural.
La mandataria recomendó a los aficionados llegar con varias horas de anticipación al estadio para evitar inconvenientes derivados de las movilizaciones. “Se va a llegar al estadio. Va a ser una muy buena inauguración, y también todo el ánimo a la selección”, expresó.
Las manifestaciones también han reavivado el recuerdo de uno de los episodios más dolorosos de la historia contemporánea de México: la masacre de Tlatelolco de 1968, ocurrida pocos días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de ese año, cuando fuerzas de seguridad reprimieron violentamente una protesta estudiantil.
La propia Sheinbaum hizo referencia recientemente a ese antecedente histórico y aseguró que su administración no responderá con violencia a las movilizaciones. “No vamos a caer en la provocación”, sostuvo.
La presidenta también ha señalado que algunos sectores de la oposición estarían intentando utilizar el Mundial para desprestigiar a su gobierno. En ese contexto, las autoridades informaron sobre la incautación de 59 artefactos explosivos encontrados en un autobús que transportaba manifestantes hacia Ciudad de México.
El vehículo hacía parte de una caravana integrada por familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en 2014, uno de los casos más emblemáticos y dolorosos de desaparición forzada en la historia reciente del país. Sin embargo, representantes de las familias rechazaron las acusaciones. Isidoro Vicario Aguilar, abogado de los padres de los estudiantes, negó que el grupo transportara explosivos y reiteró que sus acciones se desarrollan de manera pacífica.
A pocas horas del pitazo inicial, México enfrenta el desafío de equilibrar la celebración de uno de los eventos deportivos más importantes del mundo con las demandas de sectores sociales que buscan convertir el escaparate internacional del Mundial en una oportunidad para exigir justicia, seguridad y mejores condiciones de vida.
La expectativa mundial está puesta sobre Ciudad de México, donde el fútbol y la protesta social podrían encontrarse en una jornada que marcará el inicio de un torneo histórico para el país.