El Gobierno de Abelardo presentó su nuevo Presupuesto General de la Nación (PGN), con un 59 billones aproximadamente sobre el valor presentado por el gobierno Petro lo cual representa un incremento del 10% de presentado por el gobierno anterior, y esta columna busca realizar una comparación resumida pero rigurosa entre ambas propuestas.
Empecemos por el lado de los ingresos, donde el principal cambio es cómo se piensa financiar el país, porque, según el Gobierno de Abelardo, se espera una caída de los ingresos tributarios de 10 billones frente a lo estimado por el anterior gobierno. Esto se explica principalmente por la menor expectativa de crecimiento de la economía colombiana.
Entonces, el nuevo gasto público y la caída de los ingresos fiscales se compensan por medio de endeudamiento, con un incremento aproximado de 100 billones de pesos de recursos provenientes de deuda, lo que representa un incremento del 59,6% del endeudamiento del país respecto a lo estimado para 2026. Y es que no es un cambio menor, pues pasamos de 92 billones de pesos de emisión de deuda interna a 150 billones de pesos, mientras que el financiamiento con deuda externa pasa de 33 billones de pesos a 87 billones de pesos de endeudamiento externo.
Este cambio es consistente con el incremento que propone el Gobierno de Abelardo del rubro de servicio de la deuda, que, según el PGN radicado en el Congreso, sería un incremento de 37 billones de pesos en servicio de la deuda.
Mi primera impresión es que aquí se encontraba el error que anunciaban los congresistas de gobernistas, pero verificando los perfiles de la deuda pública desde mayo a julio, que están publicados en el IRC de Min Hacienda y la utilización del cupo de endeudamiento aprobado por el Congreso, esta hipótesis es fácilmente descartable. Por el contrario, para que esta información cuadre desde un punto de vista financiero, la única forma es que el Gobierno de Abelardo haya replanteado la estrategia de endeudamiento de la nación. (NOTA: sin embargo, al no conocer la información reservada de Hacienda, es imposible estar completamente seguro de esta afirmación).
Y es que en la estrategia de endeudamiento existen los canjes de deuda (cambiarle un bono por otro bono al tenedor de este, con una analogía seria lo equivalente a si uno refinanciara el crédito), y, desde un punto de vista financiero, esto no hace parte del servicio de la deuda, razón por la cual no se incluyen estas operaciones en el PGN, pues técnicamente el Gobierno las puede realizar sin aprobación legislativa siempre y cuando tenga cupo de endeudamiento, al ser un instrumento de administración del portafolio. Sin embargo, todo sugiere que el Gobierno de Abelardo optó por otra estrategia de endeudamiento, una basada en el Rollover (emitir un nuevo bono y con los recursos recaudados pagar los bonos que se vencen, otra vez por medio de una analogía seria lo equivalente a pagar una tarjeta de crédito con otra tarjeta de crédito), pero esta operación sí se cuenta dentro del servicio de la deuda, razón por la cual aparece en el PGN tanto en el lado de los ingresos como en los gastos vía servicio de la deuda.
De otro lado, en los gastos de la Nación, los cambios más grandes se encuentran en dos rubros: el primero, el Servicio de la Deuda, registra un incremento de un poco más de 37 billones, lo que equivale a un incremento del 32,5% frente al presentado por el Gobierno Petro; el segundo gran rubro es el incremento del presupuesto de Hacienda, que es un poco más de 14 billones de pesos, lo que representa un incremento del 52% frente al presentado por el anterior gobierno.
El incremento del presupuesto de Min Hacienda se debe al incremento de las transferencias frente al presentado por el gobierno anterior que equivale a 20 billones, siendo el más relevante los recursos de SGP, que contablemente están en el rubro de funcionamiento de Min Hacienda.
El verdadero problema es que pasamos de un presupuesto de funcionamiento de 367 billones a uno de 392 billones, lo que equivale a un incremento de 25 billones de pesos, de los cuales 20 billones los explican las transferencias y los otros 5 billones son gasto de personal, pues pasamos de 67 billones de gasto de personal con Petro a 72 billones de gasto de personal con Abelardo, ligeramente compensado con una reducción de 3 billones en el presupuesto de inversión. Literalmente, la austeridad prometida en campaña tirada por la borda.
Lo curioso de este presupuesto es que, aunque en la mayoría de las entidades se registra una reducción de presupuestos, hay algunos valores que sorprenden, sea por su tamaño o por sus implicaciones políticas, porque económicamente no es fácil ver la razón de sus incrementos.
Por ejemplo, el presupuesto del Congreso aumenta en un 12,6%, es decir, un poco más de 159 mil millones, lo cual no es financieramente relevante, pero sí políticamente muy importante porque todo es en gasto de funcionamiento. Dentro de esta misma categoría podemos poner el incremento del 11,8% en la Unidad Administrativa Especial de la Justicia Penal Militar y Policial y el incremento del 18,7% del MinTIC; todos comparten la característica de que el mayor gasto es un incremento en funcionamiento.
Dentro de las cosas curiosas de este nuevo presupuesto está un incremento del presupuesto de la JEP, pues el nuevo presupuesto propuesto por Abelardo contempla un ligero aumento de su presupuesto del 3,6% frente al presentado por Petro, es decir, unos 28 mil millones de pesos adicionales para la JEP; realmente algo que creo que nadie pudo prever.
Por último, el incremento del gasto en funcionamiento del Ministerio del Trabajo, que es de 12,4%, es decir, 6,5 billones de pesos adicionales en funcionamiento del ministerio, no es comprensible o por lo menos a mí se me escapa la razón de este incremento después de la derogación de las circulares que ese mismo ministerio realizó hace pocas semanas.
Para cerrar, creo que la austeridad abandonó al Ministerio de Hacienda, porque no son comprensibles esos cambios en funcionamiento e inversión, en parte porque la lógica siempre es fortalecer la inversión, no reducirla para tener más burocracia, y realmente espero que el Congreso apriete un poco este presupuesto, en especial en lo referente a funcionamiento en gasto, porque solo el incremento en gasto de personal es casi lo estimado que se requiere para vigencia del 2027 para cumplir la reconstrucción de los departamentos afectados por el terremoto el cual debería oscilar entre 7 u 8 billones de pesos anuales y me parece más útil gastar esa plata en la reconstrucción que en gastos burocráticos.