Sábado, 22 de agosto de 2026
Manuel Augusto Marín Hernández

Manuel Augusto Marín Hernández

Analista Político

junio 20, 2026, 6:47 pm

Reflexiones sobre la segunda vuelta presidencial

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1. Lo que dijeron las urnas

La primera vuelta arrojó un resultado que sorprendió a buena parte de las encuestas: Abelardo de la Espriella, un candidato outsider, quedó de primero, y el favorito de varios sondeos, Iván Cepeda, quedó de segundo a menos de tres puntos. Ninguno alcanzó el umbral, de modo que la elección se define en segunda vuelta. Estas son las cifras del preconteo con la totalidad de mesas informadas:

Candidato (partido)Votos%
Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria)10.361.49943,74 %
Iván Cepeda (Pacto Histórico)9.687.50840,90 %
Paloma Valencia (Centro Democrático)1.639.6856,90 %
Sergio Fajardo (Dignidad y Compromiso)1.009.0734,26 %

La diferencia entre los dos primeros fue de 2,84 puntos, alrededor de 674.000 votos. Es una ventaja real pero estrecha, del tipo que la segunda vuelta puede revertir. Conviene además anotar dos rasgos del mapa: De la Espriella ganó con holgura el voto en el exterior (53,4 % frente a 29,2 %), y el país quedó partido casi en espejo, con una correlación municipal muy alta entre los perfiles de ambos candidatos. Esa polarización limpia —dos bloques que casi no se tocan— es el dato estructural sobre el que se monta todo lo demás.

Por fuera de los dos finalistas quedó un caudal que ahora está en disputa. Sergio Fajardo, cuarto con 1.009.073 votos (4,26 %), encarna el voto de centro: fue, de hecho, quien superó por menor margen el umbral del 4 % para la reposición de votos. Su trayectoria ayuda a dimensionarlo: pasó de 4,6 millones de votos en 2018 (23,8 %) a apenas 885.291 en 2022 (4,2 %), y en 2026 recuperó levemente hasta superar el millón. Más abajo quedaron Claudia López (225.517; 0,95 %), Santiago Botero (206.140; 0,87 %), Mauricio Lizcano (53.839; 0,22 %) y Miguel Uribe Londoño (28.657; 0,12 %), además de un 1,72 % de voto en blanco. Ese millón largo de Fajardo y el voto en blanco son el reservorio que ninguna de las dos campañas tiene asegurado, y buena parte de él podría no transferirse a nadie.

2. El ejercicio comparativo:  2022 y 2026

La tesis que circula en el ambiente —que sumando a la derecha el triunfo está asegurado— merece ponerse a prueba con la aritmética de los ciclos anteriores, porque la historia reciente enseña lo contrario: la suma de primera vuelta no garantiza la segunda.

2.1. La aritmética del bloque

En 2022, los candidatos que quedaron segundo y tercero —Rodolfo Hernández (28,15 %) y Federico Gutiérrez (23,91 %)— sumaban 52,06 %, muy por encima del 40,32 % de Petro. Y aun así Petro ganó el balotaje. La razón fue que la campaña de Rodolfo se desinfló entre vueltas y Petro creció con fuerza:

2022 — del primer al segundo turnoVotos de Petro
Primera vuelta8.527.768
Segunda vuelta (ganó con 50,4 %)11.281.013
Crecimiento entre vueltas+2.753.245  (≈ +32 %)

Ahora bien, el dato es exigente para el optimismo de hoy. La suma de De la Espriella (43,74 %) y Paloma Valencia (6,90 %) da 50,64 %, es decir, 1,42 puntos menos que el bloque de segundo y tercero de 2022 (52,06 %). En otras palabras: el bloque anti-Petro de hace cuatro años era incluso un poco mayor que el bloque Abelardo + Paloma de hoy, y aun con esa ventaja Petro se quedó con la Presidencia. La aritmética, por sí sola, no es destino.

Bloque de derecha en primera vuelta2022 (2º + 3º)2026 (1º + 3º)
ComponenteRodolfo + FicoAbelardo + Paloma
Suma de porcentajes52,06 %50,64 %
Resultado del balotajeLo perdió la derechaPor definir

Nota: la comparación no es perfectamente simétrica —en 2022 se suman dos perdedores; en 2026, el ganador de primera vuelta más un tercero—, pero sirve para medir el tamaño del bloque que en teoría debería confluir en el balotaje.

2.2. Bogotá: de fortín de la izquierda a territorio en disputa

Aquí está, a mi juicio, la novedad más significativa del ciclo. Conviene primero precisar un punto histórico que suele citarse mal: en 2018 la derecha (Iván Duque) ganó la Presidencia, pero no ganó Bogotá. En la segunda vuelta de 2018, Petro se impuso en la capital con 1.884.869 votos frente a 1.447.685 de Duque. Y en 2022, Petro arrasó Bogotá en primera vuelta con 25 puntos sobre el segundo. Es decir, Bogotá ha sido por años un bastión de la izquierda.

Por eso lo de 2026 es distinto: en primera vuelta Cepeda ganó Bogotá, pero apenas por cuatro puntos, y la suma de De la Espriella más Paloma supera a Cepeda en la ciudad. Si ese voto confluye, Bogotá deja de ser un fortín seguro y se vuelve competitivo para la derecha por primera vez en ciclos recientes.

Bogotá — primera vuelta20222026
Ganador en la ciudadPetro 47,05 %Cepeda 41,67 %
SegundoRodolfo 22,15 %Abelardo 37,69 %
Margen 1º–2º≈ 24,9 puntos≈ 3,98 puntos
Suma de la derechaRodolfo+Fico 41,4 %Abelardo+Paloma 46,77 %

Cifras de Bogotá en primera vuelta (Registraduría): 2022 — Petro 1.769.671, Rodolfo 833.016, Fico 723.538. 2026 — Cepeda 1.706.249, Abelardo 1.543.517, Paloma 372.142.

La lectura honesta es de doble filo: la foto de Bogotá favorece a De la Espriella si retiene el voto de Paloma, pero el precedente de 2022 advierte que la transferencia de votos entre vueltas nunca es automática.

3. Maquinaria, regiones y el factor seguridad

Más allá de Bogotá, la segunda vuelta se juega en pocos territorios bisagra —las grandes ciudades y un puñado de municipios disputados— y en la capacidad de cada campaña para activar maquinarias. En el Caribe, análisis especializados señalan que De la Espriella llega con las casas políticas tradicionales más comprometidas (incluida la maquinaria costeña), mientras que Cepeda tendría más margen teórico de crecimiento, pero sin que el dinero hubiera llegado todavía a los políticos locales. Es, en cierto modo, el espejo de 2014, cuando Santos perdió la primera vuelta frente a Zuluaga y ganó el balotaje apoyándose en las casas de la Costa.

Sobre el componente de seguridad hay que ser riguroso con el lenguaje. Existen denuncias —formuladas por Álvaro Uribe, Federico Gutiérrez, el excandidato y dirigentes de la campaña de De la Espriella, columnistas como Néstor Humberto Martínez y diversas veedurías— sobre presiones de grupos armados (ELN y disidencias de las FARC) para constreñir el voto a favor de Cepeda en zonas de Cauca, Nariño, Chocó, Catatumbo y otras regiones. Veedurías ciudadanas reportaron que en buena parte de los puestos catalogados como críticos el Pacto Histórico obtuvo votaciones muy elevadas. Es importante subrayar que se trata de denuncias y alertas: ni el Gobierno ni las Fuerzas Militares las han confirmado ni desmentido, y no hay aún una determinación judicial. El Ministerio de Defensa, mediante decreto, ordenó el despliegue de la Fuerza Pública y medidas de control para la jornada. La conclusión prudente es que el constreñimiento electoral en zonas de control armado es un riesgo documentado y denunciado, no un hecho probado en su magnitud.

4. El telón de fondo: por qué creció el voto de oposición

El resultado de primera vuelta no se explica solo por la campaña de De la Espriella; también por el desgaste del Gobierno. Aquí conviene separar lo verificado de lo retórico.

Corrupción. El caso de la UNGRD —el mayor escándalo del actual Gobierno— derivó en sanciones y capturas: los exministros Ricardo Bonilla (Hacienda) y Luis Fernando Velasco (Interior) fueron enviados a detención preventiva en diciembre de 2025; el exdirector Olmedo López y el exsubdirector Sneyder Pinilla (ya condenado) colaboran con la justicia; la Corte ordenó la captura de los expresidentes del Congreso Iván Name y Andrés Calle. A esto se suma el caso de Juliana Guerrero, imputada y llamada a juicio por presuntos títulos falsos para posesionarse como viceministra. Son hechos con actuaciones judiciales en curso, no especulaciones.

Drogas. Los cultivos de coca alcanzaron máximos históricos —cerca de 253.000 hectáreas en 2023 y unas 262.000 en 2024 según la UNODC— mientras la erradicación cayó de forma drástica frente a años anteriores. El Gobierno disputa la metodología de medición, de modo que el dato exacto es objeto de debate técnico; lo que no está en discusión es la tendencia al alza y el debilitamiento de la erradicación forzosa.

Finanzas públicas. En junio de 2025 el Gobierno suspendió la regla fiscal mediante la cláusula de escape. El déficit del Gobierno Nacional Central cerró 2025 en 6,4 % del PIB —el segundo más alto del siglo sin contar la pandemia— y la deuda llegó a niveles récord en pesos. Más que “la crisis fiscal más grande de la historia” (la pandemia y los años noventa fueron peores o comparables), lo riguroso es decir que es uno de los deterioros fiscales más serios en décadas, y que el próximo presidente recibirá una situación muy exigente.

El punto político es claro: el Pacto hizo campaña responsabilizando a la “derecha fascista” por problemas que se acumularon durante su propia administración. Esa disonancia —gobernar cuatro años y, a la vez, presentarse como víctima del establecimiento— es justamente el espacio que De la Espriella supo ocupar.

5. Lectura de marketing electoral y comunicación política

Aquí está, para mí, el verdadero caso de estudio. Más allá de la coyuntura, la campaña de De la Espriella ofrece varias lecciones de posicionamiento que vale la pena fijar:

El outsider que encarnó una causa

De la Espriella construyó una identidad de outsider que apeló a símbolos —el tigre, el lenguaje de combate, la estética de “defensa de la patria”— que funcionaron como aglutinantes emocionales alrededor de una misma idea de país. No vendió un programa de gobierno línea por línea; vendió una pertenencia y un enemigo común. En términos de marca, logró lo más difícil: que un electorado heterogéneo se reconociera en un solo relato. (No es menor que sus símbolos de campaña hayan sido incluso objeto de disputa jurídica, señal de cuánto pesaban en su identidad visual.) Se posicionó, además, como el único capaz de derrotar a Petro y a Cepeda, capturando el voto útil de la oposición.

El “uribismo sin Uribe”

El dato más revelador es que la base conservadora no respondió, en primera vuelta, al llamado de Álvaro Uribe: su candidata era Paloma Valencia, que apenas alcanzó 6,9 % (1,6 millones de votos), mientras el outsider se llevó 43,74 %. Es decir, el electorado uribista existe y es enorme, pero se desplazó hacia quien mejor encarnó su esencia, no hacia la candidatura oficial del partido. Nace, si se quiere llamar así, un uribismo sin Uribe: unos postulados que reconocen a Uribe como referente, pero que ya no dependen de su aval formal. Tras la primera vuelta, Uribe, el Centro Democrático, Cambio Radical y la Liga de Rodolfo cerraron filas con De la Espriella; pero el orden de los factores importa: primero la base eligió, después los aparatos se sumaron.

Vale la pena anotar un matiz interno: el Centro Democrático fue una de las grandes bancadas del nuevo Senado, pero su esencia se movió hacia De la Espriella, quizá porque la fórmula vicepresidencial de Paloma —Juan Daniel Oviedo, un perfil técnico y de centro— diluyó parte de la identidad más dura del partido. De hecho, Oviedo fue de los más reticentes a sumarse de inmediato a la campaña ganadora. La lección de mercadeo es que la coherencia entre el candidato y la promesa de marca pesa más que el respaldo institucional.

Por qué 2026 podría no repetir a 2022

La gran diferencia frente a hace cuatro años no es aritmética sino de candidato. En 2022, el bloque anti-Petro dependía de Rodolfo Hernández, un mensaje improvisado que se desinfló en tres semanas y permitió a Petro crecer casi tres millones de votos. La apuesta de hoy es que De la Espriella es un candidato más sólido, más coherente, con un equipo y una narrativa que no se desarman bajo presión. Si esa hipótesis es correcta, la transferencia de votos de Paloma y la activación de las maquinarias regionales deberían sostenerse mejor que en 2022. Esa es la diferencia que, en mi lectura, puede inclinar la balanza.

6. Un cierre con los pies en la tierra

La conclusión que mejor resiste el contraste con los datos es de cautela optimista. De la Espriella llega primero, con Bogotá en disputa, con el bloque de la derecha alineado y con un Gobierno desgastado por la corrupción, las cifras de coca y el deterioro fiscal. Pero el bloque de derecha de hoy es incluso un poco menor que el de 2022, y aquel año la suma no alcanzó. La capacidad de De la Espriella para mover masas, sentimiento y fervor es un activo de mercadeo difícil de igualar y constituye, por sí misma, un caso de estudio para la política colombiana; pero el triunfalismo es el peor consejero de un balotaje. Nada está dicho hasta que se cuente el último voto. El verdadero margen lo darán la transferencia del voto de Paloma, el comportamiento de Bogotá y de los municipios bisagra, y la abstención. Si la hipótesis del “candidato más fuerte” se confirma, la diferencia se inclinará a favor de De la Espriella; pero esa es una hipótesis a verificar el 21 de junio, no una certeza.

Anexo. Las cifras del análisis de Andrés Felipe Arias

Es importante el matiz metodológico: los tamaños y votos por municipio provienen del preconteo de la Registraduría (insumos reales), pero las probabilidades —la P(AdLE), el ~90 % y el margen medio de +6,4— son resultados de un modelo (probit sobre 1.066 municipios y una simulación Montecarlo de 120.000 corridas). Son proyecciones del analista, no datos oficiales ni encuestas, y miden asociación, no causa.

A. Los ocho municipios decisivos

Arias identifica ocho municipios “bisagra” —grandes y disputados a la vez— donde, según su modelo, se concentra la definición. La última columna es la probabilidad estimada de victoria de De la Espriella (AdLE) en cada uno:

MunicipioVotosProb. Abelardo
1. Bogotá4.024.36455 %
2. Barranquilla590.81644 %
3. Valledupar185.32528 %
4. España (exterior)125.75269 %
5. Tunja100.56738 %
6. Tuluá96.12759 %
7. Mosquera72.31555 %
8. Funza57.06044 %

Según el análisis, en Bogotá De la Espriella perdió la primera vuelta por unos 163.000 votos, pero el modelo le da la ciudad en el 55 % de los escenarios. Esto coincide con la lectura del cuerpo del documento: Bogotá pasó de fortín a territorio en disputa.

B. Las cuatro Colombias (conglomerados k-means)

El análisis agrupa los municipios en cuatro perfiles de voto. El hallazgo central es que los dos “bastiones puros” pesan poco en votos, mientras que los dos conglomerados mixtos —urbano-costero y andino mixto— concentran el grueso del electorado. De ahí su conclusión: la elección se define en la mezcla, no en los extremos.

ConglomeradoMunicipiosVotosLíder
Urbano-costero27111,2 MCepeda 54 %
Andino mixto3967,6 MAbelardo 52 %
Bastión Abelardo3532,7 MAbelardo 68 %
Bastión Cepeda1691,8 MCepeda 78 %

Los dos bastiones puros suman 522 municipios pero apenas 4,5 M de votos; los dos conglomerados mixtos concentran 18,8 M. La correlación municipal entre los perfiles de Abelardo y Cepeda es de −0,95: dos Colombias casi perfectamente en espejo.

C. La campana del Montecarlo

De la simulación de 120.000 corridas, Arias extrae tres cifras: una probabilidad cercana al 90 % de victoria para De la Espriella, un margen medio de +6,4 puntos sobre Cepeda, y aproximadamente un 10 % de escenarios en que gana Cepeda. El supuesto clave del modelo es que la transferencia del voto de Paloma a Abelardo se mueve en un rango del 10 % al 90 %.